viernes, 29 de febrero de 2008

Se dice partidista, coño

Al Manifiesto presentado hoy por un grupo de conocidos periodistas difícilmente se le podría objetar nada, en cuanto al contenido. Pero sí quisiera aprovechar para hacer una observación sobre la confusión entre los términos partidario y partidista, que se ha extendido de tal modo que posiblemente ya no tiene remedio.

Partidario, según el diccionario de la RAE, es quien "sigue a un partido o bando". Y también, el "adicto a una persona o a una idea". Se trata por tanto de un vocablo neutral, que no implica ningún juicio de valor. En cambio, "partidista" viene de "partidismo" que significa lo siguiente:

1.
Adhesión o sometimiento a las opiniones de un partido con preferencia a los intereses generales.

2.
Inclinación hacia algo o alguien en un asunto en el que se debería ser imparcial.


Es evidente que cuando el Manifiesto Por la convivencia, por la libertad se proclama "desde la más absoluta independencia partidaria", está cayendo en la afectación generalizada de usar ese falso sinónimo de "partidista". Se puede ser partidario de algo sin ser necesariamente partidista. No elevemos la neutralidad a la categoría de virtud per se, si no queremos justificar una cierta pose de equidistancia hipócrita demasiado habitual.

Por suerte, y a pesar de ese desliz (imagino que producto de una redacción apresurada), el Manifiesto no incurre en ese defecto. Razón por la cual me he adherido a él.

martes, 26 de febrero de 2008

La lengua y el poder

La respuesta favorita de los nacionalistas a las críticas es que todos somos nacionalistas. Mostrarse contrario al nacionalismo catalán es, según ellos, un ejemplo típico de nacionalismo español. De poco sirve tratar de distinguir entre nacionalismo y patriotismo, pues te dirán que ellos también son patriotas, pero de un "país" distinto.

Tenemos además el subgrupo de los nacionalistas que se consideran liberales. En un comentario de la blogosfera, se me excusará la autocita, dije que ser nacionalista y liberal me recordaba al extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. En ese mismo lugar, más adelante uno de estos liberales nacionalistas, Artur (cuyo blog en catalán, Comentaris liberals, es pese a todo muy bueno) argumentaba que imponer el catalán en la enseñanza no era necesariamente antiliberal, como no lo son muchas normas que constriñen las libertades individuales, por ejemplo la obligación de que una chica musulmana reciba clases de gimnasia exactamente igual que sus demás compañeras. Habría mucho que hablar acerca de la distinción entre normas de origen espontáneo (como la de respetar ciertas tradiciones) y las emanadas de un poder ejecutivo-legislativo que utiliza el derecho como mera pantalla e instrumento de decisiones arbitrarias. Pero posiblemente nos enredaríamos en la típica discusión de ejemplos inacabables en favor de cada una de las tesis en conflicto.
Para mí, el argumento fundamental contra el nacionalismo catalán es que parte de una ficción colosal: La de que Cataluña es, o ha sido en algún momento, un país distinto de España, el cual de manera más o menos gradual, o más o menos brusca, según el grado de tergiversación de la Historia con el que uno esté dispuesto a comulgar, habría sido desnaturalizado, españolizado, siendo de justicia que sus naturales quieran recobrar su prístina condición. En una medida sorprendente, esta superchería se basa en el equívoco de la lengua propia. Puesto que en Cataluña se habla una lengua distinta de Andalucía o de Asturias, que en este sentido trivial sería propia de esa región, por una burda maniobra semántica, la otra lengua que Cataluña comparte con el resto de España desde hace siglos se ha querido hacer pasar por impropia, esto es, extraña, forastera. Naturalmente, todas las lenguas de un territorio, si adoptamos la suficiente perspectiva temporal, son forasteras...

Entre las distintas regiones españolas se observan, como es lógico, diferencias culturales, como las hay dentro de cualquier nación de una cierta extensión. Pero sólo la existencia de una lengua propia permite a los nacionalistas dividir a la población entre buenos y malos catalanes, vascos o gallegos. Nadie haría ningún sacrificio por la reivindicación del traje o el plato típico regional, pero la lengua en cambio sí puede ser, hábilmente explotada, una fuente de conflicto. Cataluña, como el País Vasco, como Galicia, como La Rioja, siempre ha sido España. Sólo un dominio total de la educación, y casi total de los medios de comunicación durante las últimas tres décadas, ha permitido a los nacionalistas llevar a cabo un lavado masivo de cerebros por el cual, ahora resulta que miles de españoles no se sienten tal cosa. No nos dejemos engañar por la retórica de las balanzas fiscales, allí donde no hay nacionalismo, a nadie le preocupa si el saldo de su región, provincia o comarca es positivo o negativo.

Aparte de la cuestión idiomática, un factor esencial ha sido el odio a España, el cultivo de la imagen de una España fea y cutre, de la vulgarización apta para el consumo masivo de la leyenda negra, del cliché de la llanura carpetovetónica de guardias civiles y moscas, frente a la "Cataluña moderna y europea" donde al parecer las moscas no te jalan vivo en verano igual que -imagino- deben hacerlo en La Alcarria. No importa que esos tópicos no puedan sostenerse en el año 2008 con un mínimo de seriedad ni por un instante. Tampoco la superstición socialista debería sobrevivir a los veinte años de la caída del Muro de Berlín, y en cambio ahí tenemos a Naomi Klein forrándose con sus libros contra el capitalismo.

El nacionalismo, sin duda, puede tener éxito. De hecho, para los nacionalistas, la única medida de la bondad de su ideología son sus resultados. Una futura Cataluña independiente justificaría para ellos cualquier abuso cometido en el pasado por quienes anticiparon la Tierra Prometida. Todo muy similar a la utopía comunista, o su variante nacional-socialista, en la cual se trataba de construir un maravilloso mundo futuro en el cual el proletariado, o la raza aria, alcanzaría la felicidad por siempre jamás, los pájaros cantarían y el sol brillaría. Los nazis no empezaron matando judíos en masa. Primero se burlaron de ellos, ensuciaron las paredes con sus esteladas, perdón, esvásticas; pusieron trabas administrativas a sus negocios... No hubieran podido implantar el infierno subsiguiente sin un proceso previo de embrutecimiento de la población y de deshumanización de las víctimas. La comparación con los inicios no es exagerada. Al contrario, se trata de fenómenos tan evidentemente similares en su patología, que uno no puede menos que sentir conmiseración por esta débil y desgraciada especie de primates que somos, siempre víctimas de la alianza fatal entre el ansia incorregible de paraísos gregarios y uniformes, y el ansia ciega de poder.

Meme biblionómico

De nuevo he sido atacado a traición por un meme, transmitido con nocturnidad y alevosía por Persio. Y es de esos a los que yo no me puedo resistir. Se trata de dar la lista de cinco libros que tenga previsto leer. Bueno, he de decir que mis programas bibliófagos siempre se ven alterados por las consiguientes novedades irresistibles, con lo cual aquel-clásico-que-imperdonablemente-todavía-no-he-leído se ve aplazado una vez más, pero en fin, el meme no dice nada de que luego deba cumplirse...

Ahora mismo estoy leyendo un volumen de la editorial Valdemar con las novelas de Kafka: El desaparecido -más conocida como América-, El proceso y El castillo. Salvo la primera, las otras dos ya las leí cuando hay que leer a Kafka, es decir, a los 15 años. Hay escritores que sería una lástima no haber leído en la adolescencia, y no estoy pensando sólo -aunque también- en Conan Doyle, Julio Verne, Asimov o Salinger. Aunque nunca es tarde para leer a Kafka o a Borges, el haberlo hecho a edad relativamente temprana (tampoco hace falta ser ningún niño prodigio) supone que durante años te has sentido acompañado por ellos, y que -resumiendo- has sido mucho más feliz de lo que jamás podrá imaginar un joven actual con su PS2. Mi mayor reto como padre desde luego será tratar de descubrir a mis hijos que es infinitamente más maravilloso Tolkien que Super Mario. El mayor ya tiene ocho años, y bastante destreza con la Nintendo DS, así que no me queda mucho tiempo...

Además, estoy leyendo el fascinante Tiempos Modernos, de Paul Johnson (Ed. Homo Legens), aunque al simultanearlo con esta lectura actual y otras anteriores, progreso lentamente. Con todo, verdaderamente delicioso.

En mi librería aguardan:

1) El espíritu de las leyes de Montesquieu (Alianza Ed. )

2) La Eneida, de Virgilio (Austral)

3) La Divina Comedia (Austral)

4) Historia de la Segunda República Española de Joaquín Arrarás (Editora Nacional)

5) Historia del Ejército Popular de la República, de Salas Larrazábal, ed. La Esfera de los Libros.

Ah, y tengo pendiente de terminar la exhaustiva biografía de Mozart de Jean y Brigitte Massin (Turner), algo aburrida, aunque admirable por la profusión de datos. En fin, ésta es la intención, pero como decía antes, seguro que surgen otras lecturas furtivas que prolongarán el cumplimiento de este programa Dios sabe cuánto tiempo. En cualquier caso, sospecho que me lo pasaré bien. Es lo bueno de ser un bibliómano compulsivo, que disfrutas como los enanos.

Vislumbres del mejor Rajoy

Zapatero: "Alianza Popular, a la que usted perteneció, votó contra el estatuto de Cataluña".

Rajoy: "Y el PSOE era marxista hace treinta años".

Creo que este cruce de palabras resume lo que ha sido el debate: Un Zapatero que ha echado mano de todo el repertorio de tópicos habidos y por haber de la progresía, remontándose ya no a la guerra de Iraq, sino incluso a los tiempos de Alianza Popular, y un Rajoy que ha sabido contestar la mayoría de sus tonterías, impertinencias y falsedades, a veces incluso con brillantez. Un Zapatero que no ha retrocedido ante el efectismo barato de erigirse en defensor de los "profesores" (en alusión a los mismos de siempre que le han prestado apoyo electoral) y un Rajoy que no se ha arrugado, y ha declarado que le parece inaceptable que se llame imbéciles a la mitad de los españoles que le apoyan, sea Serrat o sea quien sea el que lo diga.

viernes, 22 de febrero de 2008

El error de Pizarro

Pizarro decepcionó en el debate de ayer en Antena3 con Solbes. No replicó con suficiente claridad y contundencia las falaces comparaciones del ministro de economía de las legislaturas de Aznar y la actual. Debería haber quedado claro para cualquiera que no hay color, como así es en realidad, o al menos que eso es lo que piensa el Sr. Pizarro. Para situar las cifras en su justo contexto, hay que ver de qué situación se partía en 1996, y cuál era la del 2004.

Tampoco supo Pizarro responder adecuadamente al as en la manga que tenía preparado Solbes, que fue recordar una información periodística según la cual el turolense habría defendido la privatización de las pensiones según el modelo de Pinochet. Pizarro se limitó a negar que él se hubiera referido nunca a algo más que la complementariedad de las prestaciones privadas con las públicas, cosa que también ha hecho el ministro. ¡Menuda defensa, decir que a fin de cuentas en ese tema no hay diferencias (“bienvenido al club”, fue lo que le dijo Pizarro a su contrincante)! Pues entonces ¿para qué votar a otro?

Soy consciente de lo difícil que hubiera sido -con el estúpido esquema de intervenciones rígidamente cronometradas al que llaman debate- hacer una defensa del sistema de pensiones chileno, que es el mejor de Hispanoamérica, y dejar claro que al mismo tiempo se puede estar por completo en contra de Pinochet. Pero no vale excusarse con esto. Si fuera fácil, Rajoy no lo hubiera fichado a él, se supone.

El error fundamental de Pizarro fue el error congénito de la derecha, que no partió de los principios filosóficos. Se basó sobre todo en ofrecer datos coyunturales de la crisis, sabiendo que el otro sencillamente diría que exagera, y las verdaderas diferencias entre ambos quedaron difuminadas. Tuvo que ser Solbes (tiene narices la cosa) quien sacara el tema de fondo, que es el que en otra ocasión sintetizó Pizarro diciendo aquella gran verdad de que el dinero donde mejor está es en el bolsillo de los contribuyentes. El ministro socialista afirmó que el problema es que algunos no tienen dinero y otros (creí entender) no tienen bolsillo. Una metáfora ramplona, pero que le sirvió para defender su propio modelo socialdemócrata. Por lo menos, demostró que tiene alguno, cosa que en el caso de Pizarro quedó menos clara.

En realidad, Solbes volvía a la vieja cantinela de tiempos de González, de que era imposible que las cuentas cuadren y reducir los impuestos a la vez, lo cual quedó refutado por los ocho años de gobierno de Aznar. Pero la réplica de Pizarro inevitablemente fue floja, porque la iniciativa ya la llevaba su interlocutor.

Es lo mismo de siempre. Se pospone ad aeternum la divulgación de las ideas propias (en economía y no sólo en ella) porque la sociedad supuestamente no está madura para ellas y sólo se consigue que parezcan algo vergonzoso y turbio que es preciso enmascarar. Entonces puede aparecer la izquierda triunfante con la acusación de que la derecha quiere privatizar servicios públicos y recortar gastos sociales, como si eso fuera la peor de las traiciones al pueblo, cuando sería una bendición. Y la derecha, una vez más, se sitúa a la defensiva, colaborando de manera inestimable con la izquierda en preservar sus mitos ideológicos.

Esperaba más de Pizarro.

jueves, 21 de febrero de 2008

WeTube

Desmentimos tajantemente los rumores según los cuales la SGAE barajaba la posibilidad de crear una web de vídeos propia, que se hubiera denominado WeTube, o según otros, de manera más castiza, AlaSaca. En realidad, no lo necesita.

Tribunal Constiqué?


ACTUALIZACIÓN: Por un lamentable error, hemos puesto la foto equivocada. La que debía ir es ésta:


Pedimos perdón a esta noble -y antigua- profesión.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Manual para cretinos

Traduzco del catalán la interesante entrada del blog de Frederic Recasens:

Lo lleváis claro!*

El Punt del domingo incluía una especie de guía titulada ¿Qué hago si…? con “algunas sugerencias que pueden ser útiles para afrontar situaciones cotidianas con respecto al uso del catalán”. La guía que edita la Plataforma por la Lengua, subvencionada por la Generalitat, con el dinero de todos los ciudadanos, ha llegado ya a su tercera edición y se reparte a través de diferentes vías por Cataluña (pagando todos nosotros, tres ediciones me parecen poco).

Paso a exponer algunas de las recomendaciones de esta guía. El post es un poco largo, pero creo que conviene que se sepa con quién estamos tratando. Las frases en negrita están extraídas literalmente de esta guía.

Cuando en general se me dirigen en castellano, ¿puedo continuar la conversación en catalán?

Naturalmente. El tópico de cambiar la lengua por “cortesía” proviene de unos códigos de conducta impuestos mediante un proceso violento de cambio de hábitos. En posteriores generaciones, por imitación y nulo planteamiento de la situación muchos ciudadanos la han adoptado por costumbre.

Es decir, yo que acostumbro a hablar con el idioma en el cual me hablan, no me he planteado, según este “manual” la situación. ¡Pues vale!

Me llega mucha publicidad al buzón sobre servicios o productos sólo en castellano. ¿Qué puedo hacer?

La respuesta más práctica y de mayor sentido común sería, creo yo: “La miro y si hay algo que me interesa, voy a comprarlo”. Pues no, la plataforma del tripartito dice que:

Si la publicidad llega en forma de catálogos o folletos con la lista de productos y precios debe ser como mínimo en catalán, de manera que se puede denunciar mediante una hoja de reclamaciones a la Agencia Catalana de Consumo o a la Oficina de Garantías Lingüísticas.

Las cartas y los menús de un restaurante ¿deben estar en catalán? Sí, como mínimo en catalán. En caso de que incumplan la legislación les podemos pedir la hoja de reclamaciones, abandonar el establecimiento y hacer a la vez una queja oficial. Debe tenerse en cuenta que a menudo el hecho de que la carta no esté en catalán obedece más a un desconocimiento de la realidad del país, de la legislación o a una negligencia en el permiso de apertura del establecimiento por parte de la administración local, que no a cuestiones de tipo ideológico.

Dos cosas a comentar.

1) Cataluña NO ES un país. Cataluña es una comunidad Autónoma española.

2) Precisamente porque muchos restaurantes conocen la realidad de Cataluña, no ponen las cartas en catalán. (¿O es que en la periferia barcelonesa i en las grandes ciudades catalanas en general –donde por cierto la gran mayoría son votantes del PSC, partido que financia esta plataforma– la lengua más hablada es el catalán de manual? Más bien el castellano con acento andaluz, diría yo.)

3) Considerar negligencia por parte de la administración local que se haya otorgado permiso de apertura de un local a pesar de no tener la carta en catalán, me parece, como mínimo, una extorsión.

Los de la guía se ponen también en plan psicólogo:

El hecho de exigir que se respeten nuestros derechos lingüísticos, no debería incomodarnos. Si nos pasa esto, es porque la fuerte represión que se ha ejercido sobre todos los aspectos relacionados con nuestra lengua y nuestra identidad han llegado a afectar a nuestra autoestima, hasta el punto que, pese a ser víctimas de esta situación, sentimos que estamos generando un conflicto cuando reclamamos nuestros derechos legítimos. En este sentido, muchos ciudadanos todavía mantienen una actitud heredada de la presión y miedo generado por regímenes dictatoriales, que se transmite por imitación e inercia.

No será que los motivos por los cuales se habla castellano en Cataluña son:

1) Algunos se expresan mejor en castellano (Montilla incluido)

2) Otros, por no perderlo, porque si hiciésemos caso a esta palataforma, en dos días, ni entenderíamos la lengua que más gente habla en Cataluña.

3) Otros, como protesta. No frente a la dictadura franquista, que hace más de 30 años que se extinguió y muchos ni la hemos vivido, sino frente a la dictadura lingüística, nacionalista y social que el tripartito con la complicidad de otros partidos, están intentando imponer en Cataluña.

¿Me puedo quejar porque un producto no está etiquetado en catalán? ¿Los rótulos de las tiendas deben estar en catalán?

Evidentemente la guía dice que sí a todo y RECOMIENDA tramitar una reclamación oficial en caso de incumplimiento, tal y como se está haciendo.

Dudo entre dos productos, uno de una empresa catalana que no etiqueta en catalán y otro de una empresa de fuera pero que sí lo hace en catalán. ¿Cuál debería comprar si la calidad y el precio es el mismo?

Creemos que es preferible comprar antes un producto etiquetado en catalán aunque no esté fabricado en los Países Catalanes que no otro que lo esté pero no respete al ciudadano en este sentido.

¡Y pobre del que utilice la palabra boicot! Que quede claro: boicot sólo lo hay contra Cataluña, nunca al revés! Y punto.

Cuando voy al extranjero o bien me encuentro a un forastero en nuestra casa y me pregunta cuál es mi lengua no sé cómo responderle.

1) Si nos preguntan si el catalán es castellano (o español), tenemos que decir que no.

2) Si nos preguntan si se parece, les podemos responder que es una lengua románica, como el francés, el italiano, el portugués, el rumano o el castellano.

3) Si nos preguntan, aún así, a qué lengua se parece más, les podemos decir que el occitano o una mezcla entre francés e italiano (¿¿¿!!???)

4) Si nos preguntan como se dice en castellano alguna palabra o frase, les podemos decir que no somos nosotros los más indicados porque no es nuestra lengua.

5) Si nos preguntan qué lenguas se hablan en Cataluña, les podemos decir que la lengua nacional es el catalán, pero que a raíz de los movimientos migratorios se hablan otras lenguas como el árabe, el amazig, el wolof, el alemán o el castellano.

6) Si nos dicen que tenemos dos lenguas, les podemos indicar que sólo tenemos una lengua que es el catalán, aunque en la escuela aprendemos normalmente también inglés y castellano y que hay gente llegada de fuera o con familia forastera que habla otras lenguas.

Son sólo algunos fragmentos del cúmulo de despropósitos diversos que podéis encontrar en esta guía. Después de esto, que digan como dicen políticos del tripartito o de Convergencia i Unió que en Cataluña no se discrimina el castellano y que lo que se busca es integrar las diferentes “sensibilidades” que conviven en Cataluña, me provoca, no ya ganas de reír, sino directamente vergüenza ajena e indignación.

El nacionalismo catalán entiende por integración, por convivencia y por respeto, denunciar restaursantes, establecimientos y ciudadanos que utilizan el castellano. Se nos está pidiendo que antes de cambiar de lengua, no hablemos con nadie del resto del mundo que no nos entienda en catalán. Se nos está pidiendo que no reconozcamos el castellano como lengua oficial de Cataluña, tal y como detalla la Constitución. Están justificando en la prohibición que el franquismo hacía del catalán en la vida pública hace más de 30 años la prohibición que el tripartito hace del castellano en la vida pública hoy en día.

Si piensan que aquí todo el mundo pasará por el aro, sólo se me ocurre una respuesta: LO LLEVÁIS CLARO!*



* En castellano en el original.

lunes, 18 de febrero de 2008

Estudiantes

"Los nazis siempre obtuvieron mejores resultados entre los estudiantes que en el conjunto de la población y sus progresos electorales siempre estuvieron precedidos por avances en los claustros, donde los estudiantes eran los mejores propagandistas. (...) La mayoría de las organizaciones estudiantiles habían excluido a los judíos antes de 1914. (...) En 1922, las autoridades de la Universidad de Berlín cancelaron un servicio conmemorativo en honor del asesinado Walter Rathenau [ministro de Exteriores judío], para no arriesgarse a afrontar una violenta manifestación estudiantil. Esta política de apaciguamiento frente a la violencia estudiantil se convirtió en la pauta general de la década de los veinte, y los rectores y los claustros siempre capitulaban para evitar desórdenes ante las más agraviantes exigencias de los líderes estudiantiles."

Paul Johnson, Tiempos modernos,
Ed. Homo Legens, 2007, pág. 157

Cualquier parecido con la actualidad es mera coincidencia. Y si no, que se lo pregunten a María San Gil y Dolors Nadal.

domingo, 17 de febrero de 2008

Venganza


Unas de las actuaciones por las cuales es más criticado Israel son los llamados asesinatos selectivos de terroristas. El último ha sido el de Emad Mughaniya, un veterano líder de Hezbolá implicado en sangrientos atentados, como el perpetrado contra los marines en el Líbano en 1983, y los más recientes de los años 90 en Buenos Aires contra judíos, con cientos de víctimas mortales a sus espaldas.

Por lo visto, semejante alimaña ha encontrado la muerte el pasado martes por un explosivo que los servicios secretos israelíes colocaron en su vehículo. No faltará quien afirme que debería haber tenido un juicio justo y ser condenado a prisión con arreglo a derecho. Desde luego, como principio general, se trata del procedimiento más deseable. Pero cuando las vidas de los ciudadanos de un país están siendo gravemente amenazadas desde hace 60 años, cuando el presidente de Irán -que financiaba y apoyaba a Mughaniya- no oculta sus aspiraciones a bombardear nuclearmente Israel, en cuanto su capacidad tecnológica se lo permita, las excepciones morales y legales no sólo son admisibles, son una exigencia del más elemental instinto de conservación.

Por cierto que las comparaciones con la guerra sucia contra ETA de los años 80 en España, son risibles. Un número considerable de las víctimas de los GAL fueron personas que no tenían relación alguna con el terrorismo. Se emplearon los fondos reservados de Interior con fines que nada tenían que ver con la lucha antiterrorista, en beneficio de funcionarios corruptos. Se utilizaron métodos miserables contra periodistas que trataban de investigar aquellos hechos. Y lo más grave de todo, el crimen de Lasa y Zabala, cuyos cadáveres torturados se intentó hacer desaparecer, fue mucho más allá de cualquier comprensible acto de venganza, se trató de un claro ejemplo de lo que puede llegar a ocurrir cuando no se tiene el más mínimo respeto por la ley y la dignidad humana.

Por el contrario, acabar con la vida de un terrorista protegido por dos Estados extranjeros, que llevaba matando desde hacía un cuarto de siglo, y que todo indica que pensaba continuar haciéndolo, me parece un claro acto de justicia.

Hace años, un perturbado se encerró en una guardería o un colegio francés, tomando como rehenes a varios niños y adultos. Equipado con explosivos adosados a su cuerpo, amenazaba con hacerlos estallar si no se atendían no sé qué reclamaciones. Tras varias horas angustiosas, la policía logró saber por uno de los rehenes que el criminal se había dormido. Tiradores de elite entraron y lo ejecutaron de un disparo en la cabeza, antes de que pudiera hacer saltar por los aires el edificio con los niños y las demás personas dentro. Pues bien, incluso en un caso límite como claramente fue éste, tampoco faltó quien encontró reprobable que aquel sujeto no recibiera un "juicio justo". Si la única víctima hubiera sido árabe, y sus ejecutores soldados o agentes israelíes, al papanatismo de unas pocas mentes retorcidas se hubiera sumado el coro mucho más nutrido de progres indignados. Hubieran olvidado una vez más que el garantismo tiene por misión defender a la gente inocente de posibles abusos policiales, no desprotegerla de criminales notorios. No me parece tan difícil de entender.

viernes, 15 de febrero de 2008

Nietzsche los tenía calados

"Los artistas han sido en todas las épocas los ayudas de cámara de una moral, o de una filosofía, o de una religión; prescindiendo totalmente, por otro lado, del hecho de que, por desgracia, han sido muy a menudo los demasiado maleables cortesanos de sus seguidores y mecenas, así como perspicaces aduladores de poderes antiguos o de poderes nuevos y ascendentes."

Friedrich Nietzsche, La genealogía de la moral,
Alianza Ed., 1990, págs. 118 y 119

Fórmula mágica para reducir el paro

La acaba de descubrir Chaves en Andalucía. Basta con que todo demandante de empleo entre 16 y 18 años pase a ser clasificado como demandante de otros servicios (formación, asesoramiento etc) para que las cifras de paro se recorten de manera tan espectacular como engañosa, y los votantes acudan a las urnas convenientemente aleccionados el 9 de marzo, como se destapa en este foro.

Otros métodos de maquillaje estadístico son, por ejemplo, el papeles para todos los inmigrantes, que permite aumentar el número absoluto de afiliaciones a la Seguridad Social sin reducir la tasa de paro. O el superávit de las cuentas públicas logrado no mediante el control del gasto, sino por el incremento de la presión fiscal. O reducir el déficit de la balanza de pagos vendiendo el 25 % de nuestras reservas de oro justo antes de que suba su cotización. Es la creatividad macroeconómica del socialismo. ¿Favorecer la economía productiva? ¿Para qué, si basta con hacer que los números digan lo que queremos? Arruinarán el país, pero para entonces ya habrán sido reelegidos por otros cuatro años, gracias a la deliberada manipulación de las grandes cifras. Y por supuesto, que no falte la correspondiente tensión, para que los tontos útiles antisistema colaboren en mantener en el poder al establishment socialdemócrata.

ACTUALIZACIÓN: Por las palabras de Pizarro, la cosa no se limita a Andalucía.

jueves, 14 de febrero de 2008

Asalto al Piso de Invierno


Allá por el siglo pasado, cuando uno era joven y un pelín más ingenuo que ahora, me ayudó bastante a abrirme los ojos un reportaje que leí sobre las peaso mansiones requisadas en Nicaragua por los cabecillas sandinistas.

La noticia sobre los 250.000 € que (nos) cuesta el asalto al Piso de Invierno, perpetrado por el Comisario de Justicia Bermejo, me ha traído viejos recuerdos. Pero viejos, viejos: Ya debían serlo en tiempos de mi abuelo, en el 17. Hay cosas que no cambiarán nunca.

miércoles, 13 de febrero de 2008

La superstición racionalista


Entiendo por racionalismo aquella concepción según la cual, la mente humana, independientemente de la observación, puede avanzar en el conocimiento de la realidad. Parto de esta definición para disipar malentendidos. Cuando digo que el racionalismo es un error, obviamente no estoy tratando de defender ningún retorno a nada, ni ningún tipo de misticismo. Todo lo contrario, estoy defendiendo la racionalidad, que se basa por supuesto en la observación y la experimentación.

Aclarado esto, veamos a qué nos ha conducido el racionalismo. En una primera fase, en el siglo XVIII, llevó a la intelectualidad a enfrentarse con la religión, al pensar que toda opinión debe tener una justificación racional, y que por tanto debemos hacer tabla rasa con todas las creencias, prejuicios y supersticiones que ha venido acumulando la humanidad a lo largo de los siglos, para empezar desde una base firme y rigurosa.

En la segunda fase, ya en el siglo XIX, condujo al socialismo, aquella concepción según la cual todas las instituciones, incluida la propiedad privada, deben ser abolidas con el fin de establecer una sociedad justa e igualitaria, según principios estrictamente racionales.

Por supuesto, tanto la antirreligión como el socialismo pueden adoptar formas aparentemente moderadas, de tolerancia con aquello que combaten. Casi nadie hoy defiende la prohibición de la religión o la economía totalmente planificada, básicamente porque en el siglo XX ya se intentó, con los resultados catastróficos que conocemos. Fuera de algunas regiones irrelevantes del planeta, en general hoy los socialistas ven mucho más viable imponer restricciones al mercado y a la propiedad que no suprimirlos. Y algo análogo puede decirse de las creencias trascendentes.

¿Por qué el racionalismo fracasó? Según su propio punto de vista, seguramente por una excesiva impaciencia, por subestimar las fuerzas de la reacción. En realidad, el racionalismo fracasa, tanto en su versión genocida como en la moderada actual -que trata de imponerse no por una revolución sangrienta, sino por la mucho más sutil y efectiva coacción de las burocracias- porque implica un desconocimiento profundo de la naturaleza del ser humano y la sociedad. Esto le lleva a la ingenuidad de suponer que podemos prescindir de un plumazo de instituciones, valoraciones y creencias que son el producto de milenios de evolución social, sin querer darse cuenta de que el vacío moral que resulta de ello es terreno abonado para el despotismo.

Hay una tradición ilustrada que va de David Hume, Adam Smith y los Founding Fathers hasta Friedrich Hayek, que ha defendido la racionalidad frente a la superstición racionalista. Y luego está la izquierda. Las supersticiones son persistentes.

domingo, 10 de febrero de 2008

Defender al Doktor Montes


Hay que reconocer a los asesores de imagen del partido socialista la capacidad de síntesis. Están llenando Cataluña con vallas de la Chacón sobre un fondo rojo como el de las camisas de Chávez, con el lema "la Cataluña optimista". Ahora, los también amigos de Chávez, que se sienten tan cómodos actuando en Venezuela pese al veto que sufre alguno de sus colegas por atreverse a criticar al tirano, apoyan a Zapatero con una canción que habla de la defensa de la alegría.

Siempre he pensado que si tuviéramos que definir en muy pocas palabras las diferencias entre derecha e izquierda, podrían ser más o menos las siguientes: La izquierda se basa en cómo se cree que debería ser el mundo, mientras que la derecha, en cómo se cree que es. Esta definición tiene la virtud -o el defecto, según se mire- de que podría contentar tanto a tirios como a troyanos. A los llamados progresistas ya les gusta verse a sí mismos como unos idealistas que anhelan cambiar el mundo, mientras que a los conservadores tampoco les desagradará esa imagen propia de personas sensatamente realistas.

Thomas Sowell las denominó Visión Utópica y Visión Trágica. Otra ventaja de esta forma de comprender las diferencias entre ambas es que pone de relieve las razones del éxito de la izquierda. Es mucho más agradable imaginar que "otro mundo es posible" (especialmente si no nos detenemos demasiado en sus detalles) que tener que enfrentarse a la dura realidad de las cosas.

La construcción intelectual más sofisticada de la izquierda hasta ahora ha sido el marxismo. Éste se caracteriza en esencia por la identificación del deber ser con el ser, es decir, considera los valores éticos como una simple función del sentido de la Historia, que sólo los marxistas saben interpretar adecuadamente, de manera muy similar a como las antiguas castas sacerdotales se arrogaban el conocimiento de los designios divinos.

El marxismo, aunque aparentemente ha sido abandonado por la izquierda, sigue gozando de una influencia enorme, porque se ha diluido en gran medida en nuestras leyes, instituciones y mentalidades. El hecho de que casi nadie lo reivindique ya formalmente hace aún más difícil combatirlo, porque parece que criticarlo es atacar a un fantasma, a un enemigo imaginario.

La situación a que nos lleva esto no puede ser más paradójica. Mientras la izquierda trata de convencernos de que el sentido de la Historia coincide con la naturaleza inmanente de las cosas, y que debemos dejar llevarnos por esa corriente fatal que nos arrastra, la tarea de la derecha -si no quiere convertirse en una segunda marca de la izquierda- lejos de equivaler a una obstrucción del cambio, sólo puede consistir en una transformación profunda de unas instituciones basadas en unas premisas tan utópicas como nocivas. Porque quien desconoce la verdadera naturaleza de las cosas, y especialmente la naturaleza humana, colabora inconscientemente con la concentración del poder político. Éste siempre se esfuerza por endulzarnos nuestra esclavitud, o al menos los escasos beneficios que nos reporta su dominio, pintándonos un mundo mejor de lo que realmente es.

El gobierno actual que padecemos pretende hacernos creer, contra la más flagrante evidencia, que en asuntos como la economía o la política antiterrorista, sus resultados son muy superiores a los del anterior gobierno. Por suerte, todavía no hemos llegado a una situación como la descrita por Stanislaw Lem en Congreso de futurología, donde nos describe cómo en el año 2039, la utilización de las drogas más avanzadas permite que toda la población experimente vivir en un estado de bienestar paradisíaco, cuando en realidad se halla sumida en la miseria.

Por el momento, la tecnología química apenas sirve para algo más que suprimir los sufrimientos más intolerables -y procurarnos una muerte dulce. Pero no deberíamos despreciar la capacidad de la propaganda para crear un mundo virtual. Cuando se niega la trascendencia de todos los valores, incluido el de la vida, absorbidos por la marcha imparable de un Progreso elevado a nueva religión, las consecuencias pueden ser, por ejemplo, que cualquier iluminado que se atribuya una especial clarividencia en la interpretación de ese progreso decide el momento de la muerte de un anciano ingresado en urgencias. Y los que lo denunciamos, somos por supuesto unos insensibles reaccionarios y supersticiosos que estamos a favor del sufrimiento. Representamos el torvo oscurantismo frente a la alegría de la luminosa razón.

Eso sí, como dice la panfletaria canción de los amigos del Poder, se trata de defender la alegría "como una trinchera".
Resulta cuando menos curioso cómo les gusta a estos pacifistas la iconografía frentepopulista de nuestra Guerra Civil. Nos llaman imbéciles, teócratas y qué sé yo, y a la que nos descuidemos nos prescriben la sedación obligatoria, que es más discreta que el paredón. Ojo con estos hijos de mujer de vida alegre.

sábado, 9 de febrero de 2008

Yo soy socialista

Tranquilos, no he sido suplantado por ningún cracker de Pepiño. Ésa es una frase que he escuchado más de una vez a un empresario que conozco bien. Hay que decir que no se trata del típico espabilado que va de progre. Ni lo es ni finge serlo.

Cuando Pepe, lo llamaré así, se proclama socialista, su intención podría calificarse como aporética. Lo que quiere señalar es que él mantiene directamente a más de veinte familias y contribuye indirectamente a la prosperidad de muchas más, como cliente.

Dando fe de ello, mi reflexión es sencilla. Cúal no será el éxito propagandístico de la izquierda, si hasta un probo empresario, para tratar de explicar el bien que hace a la sociedad, no encuentra mejor término que socialista.

Por descontado, hay también cierta socarronería en las palabras de Pepe, supongo que el amable lector se lo ha imaginado. Pero si para todo el mundo con dos dedos de frente estuviera claro que el socialismo es el mayor destructor de empleo y de riqueza conocido, esa frase ni siquiera como chiste tendría sentido.

Cuando Pepe y otros como él digan, por el contrario, "yo soy capitalista, y a mucha honra", tendremos acaso una señal inequívoca de que empezamos a ganar la batalla de las palabras, de que la costra socialista se va resquebrajando. Porque creo que la broma ya ha durado más que suficiente.

Dejad a las putas en paz

El debate sobre la prostitución me parece de lo más pródigo en falacias. La mayoría de las prostitutas son las primeras que no quieren tener un reconocimiento oficial que las obligaría a cotizar a la Seguridad Social o a obtener un título homologado. Claro que esto podría tener el efecto a medio plazo de disminuir la competencia, lo cual las beneficiaría en su conjunto, pero dudo que se guíen por consideraciones teóricas semejantes.

De todos modos, y aunque la aspiración humana a la aceptación sea innegable, a las putas ya les va bien, hasta cierto punto, que su oficio sea despreciado socialmente, porque eso actúa como factor disuasorio (aunque no más importante) de excesivas competidoras. Y de todos modos, las que trabajan en la calle o en casas sórdidas, jamás se verían afectadas por ningún tipo de regularización, pues por su "baja cualificación" (vamos a llamarla así), inevitablemente están abocadas a la economía sumergida. De hecho, lo único que ganarían con el reconocimiento de su actividad sería estar más expuestas a persecución legal por fraude fiscal o intrusismo profesional.

Las mujeres, por razones evolutivas, son mucho más selectivas que los hombres en la elección de compañeros sexuales. Por ello la gran mayoría de prostitutos masculinos se ofrece a otros hombres. La demanda femenina de servicios sexuales es casi irrelevante en comparación con la de los hombres, por mucho que la memez políticamente correcta nos venga con el cuento de que "eso era antes". Y ésa es la razón también por la cual la mayoría de mujeres jamás estarán dispuestas a prostituirse, salvo en casos extremos de miseria, no por "el prejuicio judeocristiano contra el cuerpo", según la palabrería progre al uso.

La demagógica comparación con la respetable señora casada por interés yerra en lo esencial, que es la multiplicidad de relaciones que se ven obligadas a consentir las putas. Puede que algunas prefieran ese modo de vida, pero lo que está claro es que, para la inmensa mayoría de mujeres, la dignificación de la prostitución que algunos defienden equivale en realidad a ignorar frívolamente lo desagradable del asunto, a trivializar lo penoso que es para cualquiera, por mucho dinero que gane, hacerlo de esta manera. Y comparar al proxeneta, que es siempre un mafioso maltratador, con una especie de manager artístico, es sencillamente una burla. Las putas de lujo no lo necesitan, y las de la calle no se librarían de ese personaje por mucho que encima estuvieran obligadas a emitir factura -cosa que evitarán siempre que puedan.

Como dice Clint Eastwood al final de Sin perdón, "no se os ocurra maltratar a ninguna otra puta". Y cabría añadir: Ni molestarlas con vuestra impertinente compasión.

jueves, 7 de febrero de 2008

Integración vs. multiculturalismo

Era previsible. La propuesta de Rajoy de que los inmigrantes firmen un contrato de integración, por el cual se obligan a aprender nuestra lengua, y respetar nuestras leyes y costumbres, si quieren permanecer en nuestro país, ha sido calificada por el ministro del Interior como xenófoba.

En cambio, me ha sorprendido (bueno, relativamente) que algunos la hayan tildado de poco liberal. Vamos a ver. Si algo caracteriza al liberalismo es que defiende al individuo, no a los colectivos. Esto significa que una mujer magrebí debe tener los mismos derechos que una española, o que un chino extorsionado por otros chinos merece el mismo amparo que cualquier otro ciudadano español. Lo antiliberal es el multiculturalismo, es decir, tratar a las personas de manera diferente según su pertenencia a una cultura u otra. Lo que equivale precisamente a supeditar el individuo al grupo.

A esto debe añadirse que la inmigración descontrolada está directamente relacionada con el aumento de la delincuencia. Es normal. Si existe un país donde uno puede entrar ocultando fácilmente antecedentes delictivos, donde so capa de un garantismo mal entendido campan a sus anchas jueces progres de una irresponabilidad criminal, donde la lentitud de la justicia colabora también en la protección del maleante, y la nefasta doctrina constitucional de la "reeducación" ha erosionado gravemente el carácter disuasorio de las penas, lo lógico es que la delincuencia internacional fluya hacia él. Y ese país naturalmente se llama España. Pues bien, la primera obligación del Estado es defender a los individuos de la violencia. De lo contrario, su libertad se ve limitada por los delincuentes. Por tanto, también en este aspecto el control de la inmigración es una medida inexcusablemente liberal.

Cuando un partido político, sea cual sea, hace propuestas liberales, quienes nos consideramos liberales se supone que debemos aplaudirlas. ¿O pondremos las siglas por delante de la ideología?

miércoles, 6 de febrero de 2008

Pervez Kambakhsh, condenado a muerte por blasfemia

Vía Martha Colmenares he sabido de este estudiante de periodismo, condenado a muerte por un tribunal afgano, al parecer por difundir entre sus compañeros (algunos de los cuales lo habrían denunciado) determinadas opiniones sobre el Corán. En este link de Amnistía Internacional se puede firmar una carta dirigida al presidente de Afganistán, quien puede impedir la ejecución de la sentencia. También está en pdf. La transcribo a continuación (negritas mías):

President Hamid Karzai

Thank you for all you have done in these past years to ensure the safety and well being of all Afghan people.

I am a member of Amnesty International USA and was informed of the death sentence handed out to a journalist based in Mazar-i-Shariff, by a provincial court in your country on Tuesday, January 22, 2008. Mr. Pervez Kambakhsh has been convicted of blasphemy for peacefully distributing copies of articles downloading the internet which some say question the Koran.

I am extremely concerned about this verdict as I share with many other Amnesty International members and leadership the opinion that the death penalty is a brutal and dehumanizing act for both executioner and victim. It is especially distressing that such extreme punishment would be meted out to a person who has not committed any violent or criminal act, and who was simply and peacefully sharing written materials.

I am also concerned about the fairness of Mr. Kambaksh’s trial, in particular with due process. Concerns about these issues were highlighted by the UN Special Rapporteur in October 2002 and in 2003, the UN Commission on Human Rights called on the Afghan government to "declare a moratorium on the death penalty in the light of procedural and substantive flaws in the Afghan judicial system."

I was very happy to hear in your recent public statement at the opening of Parliament you yourself reiterated the freedom of press and freedom of speech which is also written into the Afghan constitution in Article 34. In light of this commitment, I respectfully call upon you, Mr. President, to lift the death sentence again Mr. Pervez Kambakhsh and pardon him from any other punishments for his “crime,” and also to take steps to ensure that freedom of press and speech is indeed fully ensured in your country. I further call on Afghanistan to join the 133 nations around to world which have banned the death penalty altogether.

Sincerely
Carlos López Díaz
(...)
TARRAGONA, 43007


martes, 5 de febrero de 2008

¿Por qué tanto odio?

Me pregunto de dónde brota un odio tan intenso contra los clérigos. ¿Se debe acaso al recuerdo de la Inquisición? Durante la guerra civil fueron asesinados unos 7.000 religiosos. Pero difícilmente podían sus asesinos recordar la última ejecución por herejía dictada en España, ocurrida más de cien años antes. ¿Se podría explicar como un rencor generado por la cercanía de la Iglesia a los ricos? Esto resultaría tan sorprendente como si se persiguiera a los médicos o a los abogados por estar cerca de los más acomodados, afirmación que sería aproximadamente igual de inexacta. Sin embargo, algo de media verdad hay en ello, en el mismo sentido en que por ejemplo antisemitismo y anticapitalismo suelen ir unidos. De hecho, la tremenda explosión de odio anticlerical de los años treinta a lo que recuerda precisamente es a las persecuciones contra los judíos, tan cercanas en el tiempo. Su irracionalidad, su bestial crueldad, su atmósfera de propagación de bulos, y su instrumentación por demagogos sin escrúpulos, constituyen rasgos inconfundibles.

Actualmente hay quien trata de mantener encendidos los rescoldos de aquel incendio. Se pretende que existe el peligro de un regreso del oscurantismo. Pero ¿qué se entiende por tal? ¿Que se prohiba el aborto? Dudo que poder abortar legalmente sea una de las preocupaciones principales de una persona normal, ni siquiera de esas desgreñadas que se manifiestan por el derecho a “disponer de su cuerpo”. La propaganda, en este tema como en el de la eutanasia, recurre como siempre a la dramatización, generalmente basada en casos reales, convenientemente manipulados para su aprovechamiento sentimental. La niña embarazada cuya vida –nos aseguran- está en peligro, el tetrapléjico al que una legislación insensible le obliga a permanecer postrado contra su voluntad... Pero si alguien insiste en señalar casos que incitan a reflexiones en el sentido opuesto, como por ejemplo las clínicas de abortos ilegales, o las proezas del Dr. Montes, se le tilda de reaccionario.

El oscurantismo que hoy nos amenaza realmente todos sabemos de dónde proviene, y no es precismente del Evangelio. ¿Por qué no vamos a poder distinguir religiones mejores o peores? ¿Qué clase de burda simplificación, de penosa incuria intelectual se quiere hacer pasar por pensamiento avanzado?

El cristianismo molesta a muchos porque forma parte de su esencia el concepto de responsabilidad individual, y hoy vivimos bajo un bombardeo constante de mensajes halagadores de una falsa ética indolora. Después existe una minoría que se opone a él porque honestamente cree que es falso. Si se replica que tal falsedad no ha sido establecida, nos dicen que tampoco se ha refutado la existencia de Zeus, o Afrodita, como si de lo que se tratara aquí fuera del dogma trinitario, o de la transubstanciación. Pero en el fondo lo que se rechaza es toda concepción trascendental de la existencia, lo cual jamás ha tenido nada que ver con el progreso del conocimiento y de la técnica.

Uno de los episodios más memorables de la deliciosa Hannah y sus hermanas, es aquél en el que vemos a un angustiado Woody Allen tratando de encontrar el sentido de la vida, mientras deambula por su amado Manhattan. Tras probar con cómica superficialidad varias religiones, cree encontrarlo no en un templo, sino en un cine en el que están proyectando una película de los hermanos Marx. Bueno, la broma podrá gustar más o menos, pero con ella no se hace escarnio de creencias venerables, sino al contrario, parte de la base de que existe en el hombre una búsqueda del sentido. Me parece mucho más inteligente la visión trágico-humorística del cineasta neoyorquino que no cierto positivismo que cree poder despachar el tema con una serie de generalizaciones vacuas. Siempre simpatizaré con un judío agnóstico que se ríe de sí mismo, aunque no eluda algunos tics de la progresía. Por el contrario, cierta clase de comecuras de ocasión con traje de gala de los Goya sólo consigue provocarme hastío.

lunes, 4 de febrero de 2008

Liberal Hispano: Comentario de lujo

Ahí va el comentario de Liberal Hispano a mi post anterior. Se puede encontrar también en su propio blog.

Vaya obsesión con "ser de centro". Ser moderado no es acercarse a la izquierda sino todo lo contrario.

Es la izquierda la que no ha defendido nunca la libertad ni la democracia y el historial de golpismo, tortura, guerra-civilismo, mentira e intoxicación de la historia del PSOE y del PCE son buena traza de ello. ¿Cómo es posible que los herederos políticos de quienes montaron la guerra civil en este país, los socialistas, que anunciaron y cumplieron que "si ganan las derechas iremos a la guerra civil declarada" hayan convencido a buena parte de la sociedad de que fue la derecha la que montó la guerra civil?. ¿Cómo es que los descendientes políticos de quienes públicamente decían que "la democracia es incompatible con el socialismo" y cuyo partido prosperó por las dictaduras que montó o con las que colaboró hicieran publicidad de cien años de honradez?. ¿Cómo pueden, los miembros del PSOE actuales mostrar siquiera a sus antepasados como defensores de algún derecho humano si tanto el PSOE, como UGT, PCE y hasta el PNV asesinaron y torturaron por miles a indefensos ciudadanos?. ¿Cómo pueden ir de laicos, cuando sus predecesores asesinaron a no menos de siete mil religiosos previa tortura y escarnio?

Pues muy sencillo, porque la UCD quiso ser de centro y eso consistió, según su visión, en callar ante toda la campaña de mentiras socialistas. Y en montar un estado que reprodujo al diseñado por los independentistas en los años 30, previo golpe de estado y contra la opinión del pueblo ante el cual perdieron las elecciones. No se atrevieron, los ucedistas, a sostener la verdad y dieron cancha al triunfo de la mentira socialista durante la transición.

Los populares tienen que rearmarse en torno a la libertad del individuo frente al estado, incluido en torno a la libertad económica, es decir, ser liberal sin complejos. Extremistas son quienes pisotean los derechos del individuo en nombre del estado o de la nación, o en nombre de etéreos grupos a quienes al final también perjudican por el daño producido sobre la economía y sobre la convivencia por culpa de su estatismo pisoteador del individuo. El estatismo, el intervencionismo paraliza la creatividad y la evolución de una sociedad, por tanto la riqueza, la prosperidad de las personas una a una que encuentran menos posibilidades de trabajo y de prosperidad económica y humana.

No defender la verdad por complejos centristas y no defender la libertad económica con contundencia y convicción significa caer sistemáticamente en contradicciones. Por contra, hacerlo significa mostrar permanentemente la contradicción del socialismo y del nacionalismo, y mostrar permanentemente el poco respeto que la izquierda tiene por el individuo y que camufla entonando etnias, clases, gremios o cualquiera grupo que se le ocurra ad hoc. En realidad la campaña socialista se basa permanentemente en esta estrategia: buscar en cada momento un grupo-entelequia agredido, al cual finalmente sus políticas perjudican pero luego lo olvida y señala otro nuevo grupo para disimular ese daño. Por eso ya no hablan del "proletariado", ni siquiera de los "trabajadores", porque ese grupo ya está quemado, ya nadie se lo cree: ya la inmensa mayoría de los trabajadores sabemos que cuanto más socialismo peor para nosotros.

La estrategia socialista (y la nacionalista) solo se romperá poniendo sistemáticamente al individuo por delante. Y señalando el pisoteo del individuo una y otra vez.

Y aunque uno no es religioso ni creyente, basta con señalar que se atreven a mandar callar a los obispos por recomendar el voto a otro partido. Se atreven a negarles la libertad de opinar. Ahora esos individuos concretos no pueden opinar de política. Mientras los ejecutivos de ese negocio llamado socialismo, por supuesto, no dicen nada cuando un grupo islámico pide el voto para ellos. Eso se llama cinismo y doble moral. Y la contradicción de fondo es negarle a ciertos individuos, obispos, el derecho a opinar, para lo cual los convierten previamente en grupo al cual pueden justificar su censura. Siempre es la misma estrategia, no salen de ella.

domingo, 3 de febrero de 2008

Los ejes del PP

Cervantes confiesa en el Quijote que leía hasta los papeles que encontraba por el suelo. Se deduce que en aquellos tiempos la producción editorial era mucho más reducida, porque hoy en día estamos obligados a ser drásticamente selectivos, a fin de evitar que la torre de libros pendientes, apilados en la mesita de noche, adquiera una altura peligrosamente inestable. Por ello es de agradecer que el Partido Popular haya tenido el detalle de ahorrarnos la lectura de su programa (el del 2004 sobrepasaba las cuatrocientas páginas) elaborando un resumen de apenas cincuenta titulado Con Rajoy es posible.

Estructurado en 234 párrafos breves, el documento fija en 16 los Principios del PP (§ 7 a 22), prosigue con una interpretación de la presente situación (§ 23 a 94) y dedica los restantes a exponer sus objetivos o propuestas, que enumera del 1 al 12. En cambio, los Principios, curiosamente carecen de numeración propia, como si se temiera proclamarlos con excesiva rotundidad. De hecho, el primero de ellos (§ 7) afirma:

“Somos una formación política de centro. Defendemos los valores de la libertad, la igualdad, la concordia y la justicia que inspiran nuestra España democrática.”

Mal comienzo. Por lo del centro, me refiero. Renunciar a definirse como de derechas es dejar pasar la ocasión –una vez más– de una ofensiva ideológica en toda regla, es decir, de rehabilitar el término que, utilizado como espantajo, le proporciona los mayores réditos a la izquierda. Si se consiguiese neutralizar e incluso volver del revés las connotaciones negativas que décadas de propaganda comunista y socialdemócrata han conseguido asociar a la palabra derecha, el daño infligido a la izquierda sería devastador. En cambio, hablar de centrismo equivale a darle la razón, significa tirar la toalla antes del combate.

El siguiente Principio (§ 8), con todo, desvanece en parte el mal sabor de boca al asumir “la tradición del liberalismo español surgida de la Constitución de Cádiz.” (¡bien!) Le siguen la defensa de la libertad como “fundamento de la dignidad de la persona y (...) motor del progreso y el bienestar” (¡muy bien!), la igualdad ante la ley, la unidad de España y la defensa de la Constitución. El noveno Principio (§ 15) reivindica los conceptos del “deseo de superación, el mérito y el trabajo”, cuyo estímulo debe ser uno de los principales objetivos de la educación.

Pero en § 17 ya volvemos a las andadas centristas:

“Abogamos por el reformismo como garantía de progreso y bienestar y de la igualdad de todos los españoles dentro de una economía libre. Defendemos una economía libre y socialmente avanzada, que concilie la libertad con el desarrollo de políticas que hagan más justa la prosperidad.”

Es decir, dicho en plata, que la libertad por sí sola genera injusticias que los políticos tienen la misión de corregir. ¿Y hasta donde pueden llegar en su intervención correctora? Pues eso queda a su arbitiro, evidentemente, con lo que nada garantiza que la libertad no saldrá perdiendo. Los siguientes Principios siguen más o menos en la misma línea de “nosotros también somos sensibles como la izquierda”, para terminar con la mención final –se veía venir– al cambio climático.

Cuando los Principios se formulan pensando en el qué dirán, es decir, cuando no se tienen claros, se nota porque la retórica política se llena de “paquetes de medidas”, “planes nacionales de (lo que sea)”, “eficacia” y demás acumulación de ocurrencias inconexas, vaguedades y cursiladas. Y demasiado gasto.

El siguiente capítulo es una exposición de los problemas a los que se enfrenta España, en gran parte provocados o agravados por el actual gobierno. Llamarlos “desafíos” o “retos” introduce un indeseado tono de frivolidad, como si aquí no estuvieran en juego valores fundamentales, sino que se tratara de algo así como cruzar el Estrecho a nado, y que me perdone David Meca. La jerga política actual desde luego hace muy difícil que la gente pueda tomar en serio a los políticos. Pero vayamos al contenido. Se trata aquí en primer lugar del terrorismo, refiriéndose por supuesto al de ETA, pero también al islámico:

En el mundo en el que vivimos nuestra seguridad se encuentra amenazada por el terrorismo islamista. Debemos luchar contra esta amenaza desde la defensa de los valores de libertad”, etc (§ 30). Muy bien.

A continuación (§ 31), una certera alusión a los nacionalismos:

Los españoles debemos recuperar lo que nos une a todos. Cuando se anteponen supuestos derechos colectivos a la libertad individual (...)” Sí señor. Supuestos derechos colectivos. Muy bien dicho.

En § 40, 41 y 42 se trata el tema de la inseguridad ciudadana, para la cual se proponen dos remedios, uno equivocado, en mi opinión, como es aumentar (¿¡aún más!?) los recursos destinados a las fuerzas policiales, y otro en la línea acertada, que es plantear “reformas legales y penitenciarias” a fin de que las leyes no protejan a los delincuentes más que a los ciudadanos (bueno, esto lo digo yo).

Siguen unos párrafos dedicados a la política exterior, que ZP ha dejado hecha unos zorros, donde quizás se echa en falta una mención explícita a la restauración de nuestras relaciones con Estados Unidos. Después se pasa a las cuestiones económicas, donde cabe destacar dos párrafos dignos de aplauso:

La globalización es la gran oportunidad de progreso en el siglo XXI. A través de ella, la humanidad está avanzando en libertad económica y social, en la democracia y en más oportunidades para todos. El desafío es conseguir una globalización más justa [esto, aparte de sonar muy bonito, ¿quiere decir algo?] y con mayor democracia.” (§ 51)

España debe apostar por una economía abierta y libre, rechazar el proteccionismo y el intervencionismo, y aprovechar mejor las oportunidades de la globalización. Reducir impuestos, controlar el peso del sector público en la economía y garantizar un mercado interior único y no fragmentado constituyen una apuesta por la libertad económica.” (§ 59).

¡Cuando quieren, bien que se saben el temario!

Siguen unas consideraciones igualmente sensatas acerca de la educación, criticando un modelo educativo que tiende a “premiar la mediocridad y penalizar el esfuerzo”. A continuación, tras unas reflexiones un tanto vagas sobre el apoyo a la familia o las pensiones, y de rendir el consabido tributo al nuevo ídolo climático, se toca el tema de la inmigración. Aquí en esencia se defiende con bastante claridad un modelo asimilacionista frente al multiculturalismo. Muy loable. Por último, se dedican unos párrafos al tema del bienestar (sanidad, vivienda), bastante insustanciales.

De la aplicación de los Principios antes mencionados a los problemas actuales, surgen unas propuestas que, esta vez sí, se enumeran de la 1ª a la 12ª en el único párrafo largo del documento (§ 96), y se desarrollan con más detalle en las páginas restantes. Son las siguientes:

  1. Derrotar al Terrorismo.
  2. Construir España entre todos.
  3. Mejorar la calidad de nuestra democracia.
  4. Hacer de España un país seguro.
  5. Recuperar nuestra voz en el mundo.
  6. Hacer de España una de las cinco economías más avanzadas del mundo.
  7. Alcanzar el pleno empleo.
  8. Conseguir uno de los mejores sistemas educativos.
  9. Una sociedad con mayor igualdad. (“Las únicas diferencias justas serán las que nazcan del trabajo, del esfuerzo y del mérito.”)
  10. Proteger el medio ambiente.
  11. Conseguir la plena integración de la inmigración (“...un nuevo modelo de integración basado en el respeto a nuestros principios y valores constitucionales.”)
  12. Aumentar el bienestar social.

¿Qué reparo puede hacerse a estos objetivos? A primera vista ninguno. ¿Quién no va a querer proteger el medio ambiente o aumentar el bienestar? Sin embargo, especificar estos objetivos como independientes y separados de otros como son los que van del 6 al 9, en los que se defiende la competitividad y la meritocracia, sugiere que para lograrlos el Estado debe intervenir sin que se expliciten unos límites claros, y en eso no se distingue la derecha de la izquierda.

Lo dicho. Que la principal virtud de este documento es que nos permite ahorrarnos la lectura del programa in extenso. De todos modos, me quedo con aquellos párrafos que he citado en negrita, y otros que no he transcrito, porque detallan los aspectos más conocidos de la política del PP. Son aquellos que resumen bastante bien por qué, pese a todo, votaré otra vez, como ya hice en 2004, a Mariano Rajoy.

sábado, 2 de febrero de 2008

El voto moro

Al escuchar a Alfonso Merlos en la COPE esta mañana que la Junta Islámica recomienda el voto progresista, mi primera reacción ha sido pensar: Gracias, muchas gracias, por mostrar a quien todavía dudara, a estas alturas, a qué partidos no hay que votar. Con amigos así, el PSOE e IU no necesitan enemigos.

Pero pensándolo mejor, que el lobby islámico en España recomiende, sin apenas disimulo, votar a Zapatero, no debería invitarnos a tomárnoslo en plan de coña. Porque lo que indica posiblemente es que esta gente nos tiene tomada la medida. El yijadismo desde siempre ha considerado España como Al-Ándalus, es decir, como un territorio del Islam que tarde o temprano deberá volver a estar bajo su dominio. Y sin embargo, mucha gente votó a ZP porque pensaba que la masacre del 11-M era consecuencia directa de nuestro apoyo a Estados Unidos en la guerra contra Saddam Hussein. Es decir, primero cree que si España se aleja del Gran Satán yanqui, los islamistas nos perdonarán la vida, y en segundo lugar está dispuesta a ceder a ese supuesto chantaje. Por supuesto, lo peor no es el fatal error de cálculo, sino la cobardía y la degradación moral que lo provocan.

Aunque sólo fuera por un egoísmo elemental, yo quiero estar del lado de la primera potencia democrática, industrial y militar del mundo ante cualquier eventualidad. Por eso la retirada de nuestras tropas de Iraq, que estaban allí apoyando a la incipiente democracia, además de una indignidad, fue una grave estupidez. No sólo no hemos conjurado el peligro del terrorismo islamista, sino que nos hemos distanciado del país que carga con el peso principal de la lucha contra él. Esperemos que un próximo cambio de gobierno revierta esta situación, y dé al traste con los deseos manifiestos de ese ominoso lobby musulmán en nuestro suelo.